lunes, 1 de noviembre de 2010

Todos locos ...

Y decidimos pasar el rato hasta que llegase la hora de reunirnos con el resto y para ello, que mejor opción que ir a pasear a uno de esos pequeños e insuficientes pulmones que posee la ciudad de Valencia.
La ansiedad de nicotina inquietaba a mi acompañante.

Él,compañero de fatigas, de largas noches en las que siempre veiamos amanecer sentados en alguna terraza digna de olvidar y de largas conversaciones telefónicas hasta tambien altas horas de la madrugada.... Animales nocturnos por excelencia...

Y tranquilamente y para saciar su apetito por aquella droga legal que lo martirizaba, nos sentamos para deleitar nuestros sentidos, ansiosos de cualquier estímulo natural y no contaminado por la urbe de la que estabamos ya más que cansados desde hacía tiempo.

Los minutos fueron pasando y nosotros no eramos consciente de que aquello estuviese sucediendo y las farolas se encendieron ante la falta de luz natural. Y cual fue nuestra sorpesa, en la que atónitos nos percatamos que las puertas de aquel parque se habían cerrado mientras nosotros permaneciamos dentro, ajenos a todo lo que estaba ocurriendo a nuestro alrededor.
Situación cómica donde las haya, así que comenzamos a reir a carcajadas al mismo tiempo que intentabamos encontrar una salida factible de aquel lugar.

Y vaya la solución que encontramos. Escalar una valla de unos dos metros con la gente en el exterior observando como dos chiflados atontados intentaban huir de aquel fortín. Él no tuvo ningín tipo de problema en realizar aquella peripecia. Alto, fuerte y provisto de una ágilidad díficil de imaginar observando su aspecto, pero adquirida a lo largo de una infancia en la que había aprendido a desarrollarla, debio a la infinidad de obstáculos que tuvo que sortear, inimaginables para mentes burguesas.
Y yo? Pues la torpeza que me es inherente, los tacones que en el 90 % de los casos me acompañan allá donde voy y mi modesta y baja altura, me impedían prácticamente, sortear aquella fortaleza, para mi casi inexpugnable.

Lo conseguimos al fin y ¿el resultado? varios moratones, un arañazo abdominal y un largo tiempo de risas que hacían flaquear todo nuestros cuerpo. xD

Pequeñas y simples aventuras que nos puede brindar la vida y que con el paso del tiempo resulta gratificante recordar aunque no revistan de un entorno exotico o peculiar, sino simplemente porque en ocasiones ayudan a hacerte más llevadera la existencia.

3 comentarios:

  1. Vaya, como conviertes una anecdota puntual en algo intrepido y emocionante. Además te das a conocer más, y no por que digas que eres torpe, tapon y que siempre vas con tacones; sino porque aprecias esos pequeños momentos, esos detalles que mucha gente deja pasar o no les da importancia. Pero son el cumulo de todos ellos los que hacen que "la vida pueda ser maravillosa".

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  2. Sino fuera por esos momentos simples y a la vez especiales, que sería de nosotros?¿

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  3. ... pues haber cuando me das uno de esos momentos simples y a la vez especiales. Que cada vez, por unas cosas u otras, tengo menos oportunidades de vivir momentos especiales, ni de los otros.

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