jueves, 28 de octubre de 2010

Una calma que me arropa...

Desde mi época adolescente, en los momentos en que he necesitado un poco de calma para reflexionar y así conseguir algún tipo de solución a esas dudas existenciales que tan a menudo se apoderan de mi persona, he encontrado como refugio un lugar muy emblemático de la ciudad de Valencia, el conocido "Barrio del Carmen".

Centro histórico de la ciudad y con un encanto que me fascina a cada paso que doy por él. Bullicioso, tanto que fue nombrado Zona Acústica saturada hace algunos años. Con calles y callejones diminutos que no siempre te pueden deparar gratas sorpresas. Edificios y casas que en ocasiones no se hallan en perfecto estado pero que cuando lo están llegan a lograr que no pueda dejar de fascinarme con algunas fachadas, de dios sabe que siglo o que año, y que además conviven en perfecta armonía con artísticas expresiones de arte urbano.

La gente que transita por sus calles, es otro de sus encantos. Desde punkis con perros que okupan las pocas casas ya, abandonadas de la zona, y provistos de su carrito, entonando el lema de "Servesa Fría a un euro", hasta políticos que trabajan en el edificio de Generalitat, o modernitos alternativos, hippies, gente de toda raza, oficio y sin benificio.

Pues sí, en este barrio tan bariopinto, es de los pocos lugares, en lo que me puedo sentar en cualquier lugar de sus calles, reflexionar acerca de mi existencia, de mi no tan claro futuro, en la más absoluta calma, abstrayendome de cualquier estímulo externo por increible que parezca.
Imposible de explicar porque ni yo misma sé la razón de porqué me ocurre...



Será por algún motivo relacionado con alguna de mis taras mentales crónicas

2 comentarios:

  1. Leyendo tu descripción del Carmen, que por momentos no se sabe si lo estas alabando o criticando, me imagino que Granada te encantaria.

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    Cuanto necesite parar, respirar y pensar te buscaré por las calles del Carmen...

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  2. Su encanto reside en eso mismo, en que cuando me encuentro paseando por sus calles, me produce sensaciones totalmente dispares entre sí. Será porque siempre me ha atraído las contradicciones, los polos opuestos y rozar la línea entre el bien y el mal.

    Lo dicho, taras mentales que tiene una

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