El calor sofocante aún no había desaparecido a pesar de haber pasado ya la medianoche. Me era imposible conciliar el sueño en esas condiciones, al igual que una de mis compañeras de aventuras. Asi que sigilosamente, con el fin de no despertar a nuestra tercera de abordo, nos dirigimos a la pequeña terraza que poseía la habitación. Habíamos pasado un día que podría calificarse como extenuante, ya que habíamos cruazado practicamente todo un país.
Amanecimos en el Sáhara, y durante horas y horas, salimos de él para acabar en una tierra menos hostil. Por el camino habiamos visitado una de las ciudades santas del Islam, la cuarta para ser más exactos, Kairouan.
Es una ciudad perdida practicamente en mitad del desierto pero toda ella rezuma espiritualidad por todos son poros. Por primera vez vimos una gran mezquita y oímos como se llamaba al rezo a toda la ciudad desde un minarete de gran altura. fue una experiencia que siempre recordaré por las sensaciones tan diferentes que percibimos, a las que estamos acostumbradas a percibir.
Además, recuerdo una corta conversación que mantuve con una de mis compañeras de viaje que dos años más tarde recordaría. Callejeando por sus estrechas calles y con una temperatura entre 40 y 45 grados, me llamó la atención un gran cartel que se situaba en la plaza principal de aquella ciudad. Observé cada uno de sus detalles pero lo único que logré entender era que aquel rostro era el del hombre que había gobernado Túnez durante casi dos décadas y mi reacción fue preguntar:
- ¿No piensas que ese cartel es un poco similar al que suelen aparecer en otros países, alabando a su dictador?-
- Pues es posible y tiene toda la pinta de ello, aunque el guía nos ha contado otra historia-
- Creo que el guía ha transgiversado un poco la verdad. -
- Eso creo yo también-
Dos años más tarde descubrimos que en efecto nuestras sospechas eran ciertas y detrás de aquella "democracia" que nos quisieron vender, se escondía un dictadura como otra cualquier. La cual no tenía relevancia práctica para los países de occidente. Túnez no tiene una gran reserva de petróleo y basa su economía principalmente en el turismo y en la agricultura. Poco importa la represión a lo que los tunecinos estaban expuestos. La mejor manera es correr un tupido velo para esconder aquellas cosas que nuestros ojos no están interesados en ver.
Gracias a Dios o a Alá, que los tunecinos supieron valerse por sí solos, al contrario de Libia e Irak, que no corrieron la misma suerte...



Me gusta volver a leerte, me gusta esa critica social encubierta en la descripcion del pasaje de tu viaje.
ResponderEliminarEspero leerte con mas frecuencia.
Gracias e intentaré pasarme por aqui más a menudo ya que ultimamente estoy un poco desaparecida. Un beso!
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