lunes, 27 de diciembre de 2010

Túnez: El Zoco

Se detuvo en un hueco claramente definido por la muchedumbre y observó todo a su alrededor, mientras cada uno de sus poros expulsaba gotas de sudor. Mercaderes gritando para captar su atención, decenas y decenas de pashminas colgaban por todo el techo de aquel enjambre. Juguetes, marroquinería en piel, rosas del desierto, pulseras, colgantes, pendientes, cachimbas, camellos y otros animales callejeros.


A su izquierda, a su derecha, detrás, delante. Todos y cada uno de los huecos de aquel lugar estaban repletos de objetos de poco valor práctico, por los cuales habría que regatear hasta perder la paciencia y los nervios. 


Cerró los ojos y respiró el olor de una mezcla de especias que su olfato nunca había detectado. Parecía como si en ese preciso instante viviese en un mundo que no era el suyo, y lo cierto es que en verdad, era así, y decidió impregnarse de ese festival de nuevas sensaciones que sus cinco sentidos habían decidido brindarle.

 “Oye, tenemos que volver al autobús, sino se iran sin nosotros” Mierda, las obligaciones del turismo organizado hacen que aquella evasión, se evapore al instante. 


1 comentario:

  1. Me gusta esa forma de contar una escena en El Zoco. Parecía que en cualquier momento iba a suceder algo impresionante, inaudito, mágico...

    También me gusta que actualices tan de seguido. Un placer.

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