La de ayer fue una tarde-noche curiosa. En el exterior, el día más caluroso que ha pasado Valencia, comparable a las tórridas tardes en el desierto de hace exactamente un año, debajo de una palmera, fumando en shisha y degustando una piña colada al estilo tunecino. Dentro, nuestro nidito futbolero, cocacola fresquita, patatuelas, sofás confortables y la tv de 42 pulgadas y la certeza de que esa noche se iba a hacer el ridículo más escandaloso.
Incrédulos, observabamos como poco a poco, el atletico controlaba el juego, los dos goles, la parada del penalti, de Egea en el minuto 89 y como Antonio López levantaba la supercopa.
Fue increíble, de veras. Que lástima que a lo mejor hasta dentro de otros 14 años no pueda vivir otro doblete...

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