sábado, 18 de septiembre de 2010

Un te quiero, un adiós y un por qué


Cada mañana al despertarme, intento buscar una razón por la que levantarme de la cama y comenzar el día.
¿Razones? Bastantes. El Sol veraniego, respirar el aire fresco al salir a la calle ya que sé que a lo largo del día es difícil que esa sensación vuelva a repetirse, ver y charlar con mis compañeros a la hora del almuerzo, y también otras razones como mi familia, mis amigos, ir a la playa para tomar el sol, el fin de semana y poder disfrutarlo junto a los que más quiero, los miniviajes y los no tan minis que me esperan. En fin, pequeñas cosas que hacen que la vida merezca verdaderamente la pena.

Pero en algunas ocasiones, recuerdo que ya hace un tiempo conocí a alguien que fue el impulso necesario para saltar de la cama y mirar al mundo con la cabeza bien alta. Durante unos meses, las dudas, algunas situaciones, el tiempo y nuestras formas de ser y de pensar tan opuestas, fueron nuestros enemigos y las caricias, los abrazos, la ternura, nuestros más acérrimos seguidores. Lo amé y creo que ese alguien, también lo hizo.

Lloramos juntos los baches que surgieron en nuestra vida, celebramos juntos también las alegrías y fueron días verdaderamente hermosos, hasta que poco a poco fueron empapándose de pequeñas manchas de colores variados. Estas pequeñas imperfecciones fueron calándolo todo a su paso, hasta convertirlo todo en noches en vela y dolor, dotando la atmosfera de un color cuanto menos, grotesco…

Y ese alguien vuelve a mí con sus certezas para sembrar en mí, la duda. La duda de si aquello fue algo verdadero o simplemente un sueño ¿Fue todo un sueño? Los sueños no dejan heridas, ni hermosos recuerdos. Los sueños suceden en la noche, en nuestra mente y desaparecen al día siguiente.
Pero al fin y al cabo, es solamente un punto de vista, una percepción más o menos cercana a la realidad.
Si lo tuviese ahora mismo delante, le diría tantas cosas… le espetaría tantos reproches que me son vetados y llamaría a las cosas por su nombre. Aunque probablemente me tragaría mi orgullo y haría lo que siempre suelo hace, sonreírle, abrazarle y perdonarles todo el daño hecho, porque he aprendido a quererlo mucho y quiero tenerlo cerca y le diría que mirar hacia delante no implica matar el pasado, porque lo que fuimos entonces es lo que nos ha convertido en lo que somos ahora. Y no hay que temer nunca al amor, en cualquiera que sea su forma.

Y también le diría que es lo único que he aprendido de toda esta historia....

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